ALEJARSE DE UNA PERSONA NO ES SOLO NO VERLA MÁS, SINO SENTIRLA LEJOS AUN ESTANDO CERCA


¿Pero qué pasa con los que no podemos encontrar el botón que apague lo que sentimos?

¿No se debe decir que la vida nos ha arrastrado durante mucho camino? ¿O podemos declarar abiertamente que hemos sufrido? Desafortunadamente el dolor está socialmente estigmatizado y minimizado. Es como si sentir profundamente fuese un pecado mayor que un atentado terrorista. Las personas van por su vida asumiendo que ser feliz es una opción, que la felicidad se encuentra con tan solo desearla. ¿Pero qué pasa con los que no podemos encontrar el botón que apague lo que sentimos?

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Esas son algunas de las preguntas que me formulo a diario. No intento juzgar a nadie porque de hecho existen días en los que me siento absolutamente dichosa, pero también vivo días en lo que me derrumbo como un castillo de naipes. Y no lo puedo controlar. Simplemente no tengo control en mi interior.

Un día despiertas y el sol brilla porque te ama, pero al otro despiertas y el sol brilla porque quiere quemarte. Una noche te duermes temprano, en la tranquilidad de quien sabe que todo va bien, pero a la siguiente tienes insomnio, angustia, ansiedad. Pero nosotros “simplemente exageramos”. Eso dicen ellos, los que tienen la fórmula secreta para ser felices a cada instante.




A veces alejarse de una persona no es solo no verla más, sino sentirla lejos aun estando cerca.

Pueden juzgarme, decir que soy una persona impermeable, que no dejo entrar a nadie, que soy fría, ¿pero dónde han estado cuando yo sentía que la vida dolía demasiado como para soportarlo un día más? “Esos son caprichos de la adolescencia. Son exageraciones. Quiere llamar la atención. Es grosera. Es odiosa. Ella es rara”. ¿Y por qué no decir “quizás no la está pasando bien y por ello es así”?

Aprendí a cerrar puertas para siempre porque me lo merezco. A veces alejarse de una persona no es solo no verla más, sino sentirla lejos aun estando cerca. Con el tiempo aprendí a clasificar comentarios e ignorar los inoportunos, los insensatos, los frívolos. Para qué quedarme con aquello que no está aportando una vía de salida sino que me lleva a un camino lleno de dedos señalándome, de bocas juzgándome y de ojos escudriñando la “rareza que soy”.

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No estoy abierta a todas las personas. De cierta manera lo lamento, quisiera poder. Quisiera no sentirme herida, pero no puedo, así que me cuido. Intento procurarme tranquilidad, y mi manera de hacerlo es alejarme emocionalmente de quien no entiende que en mi interior todo embulle dramáticamente. A eso me refiero cuando hablo de cerrar puertas. Hablo de las puertas de mi corazón. Cierro las puertas de mi corazón cuando son personas cero empáticas con las heridas y el dolor de los demás.

Ahora, ¿tú como ves la vida de los demás? ¿Has creído en algún momento que alguien exageraba un suceso doloroso? ¿O al contrario entendiste que cada quien vive las cosas a su modo porque somos únicos e irrepetibles?

Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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