CARTA A QUIEN ME HIZO DAÑO

DAÑO

Me convertiste en cenizas, pero renací. Yo ya sabía que tu fuego era un veneno que acababa con quien quisiera amarte, pero me creí una diosa milagrosa con el poder de cambiarte, de extraerte lo que te hacía hacerle daño a los demás, y me equivoqué.

No supe defenderme porque no estaba preocupada por mí, me preocupabas solamente tú; y ese fue mi peor error, no cuidarme lo suficiente por mi testaruda forma de amar. A veces me cuestiono si me equivoqué al amarte o si el problema fue hacerlo por encima de mi propio bien. ¿Pude amarte sin hacerme daño? Quizás sí. Quizás amarme a mí misma pudo haberme salvado. O quizás no, no lo sé. Supongo que nadie está excepto de lastimarse por culpa de otros.

No sé cómo pude recuperarme del dolor, de la tristeza, de la ira, del odio que sentí por ti. Poco a poco, me fui consumiendo. Poco a poco, me fuiste matando. Los golpes finales me mostraron la realidad que estuvo siempre delante de mí y que preferí omitir. Amar no debería enceguecernos. Amar debería abrirnos los ojos. 

Carta de amor

Recuperarme fue tormentoso. No solo te odiaba a ti, me estaba odiando a mí. La culpa se incrustó en mi piel como una sanguijuela, y por más que me aconsejaran, por más que quisieran ayudarme, yo desechaba cualquier forma de estar bien. Quería estar mal porque creía que me lo merecía. Pero no era cierto, nada de lo que me hiciste o de lo que me hice, me lo merecí.

Hoy estoy bien. Realmente me siento bien, y por ello puedo escribirte. No voy a agradecerte que llegaras a mi vida, y tampoco diré que hubiese preferido no haberte conocido. No quiero pensar en el “qué tal si no”, porque ya no tiene sentido. Fue lo que fue. La pasé mal, me recuperé, y ahora estoy segura de que jamás repetiré los mismos errores. Ahora soy fuerte. Me respeto. Me cuido. Y sí, me amo muchísimo.

Solamente quería que supieras que sí se puede vivir sin ti, que uno sí puede recuperarse de todo el daño que haces. Me mataste, es verdad, pero renací, resucité siendo una persona completamente diferente a aquella que conociste. No eres absoluto, no eres eterno. Tú no eres para siempre, así que no lo olvides nunca, por favor.

Adiós.

Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

No olvides comentar...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.