CITAS SIN ANESTESIA DE «MEMORIAS DE UNA SALVAJE», Srta Bebi

Ok, aquí va, así, sin anestesia: Leí «Memorias de una salvaje». Ya saben, por aquello de que sin dolor no se puede vivir, y vaya ataque me iba dando al obligarme a mí misma a seleccionar nada más diez frases o citas preferidas de esta bomba de libro. Bien dicen que el ser humano es, por excelencia, masoquista desde que nace. Bueno, espera, Jarhat, estás exagerando, qué irán a decir tus lectores que nada tienen que ver con tu locura. Respira. 1, 2, 3. Respira. 1, 2, 3.

Listísima —sigue respirando hondo pero ahora lo disimula—.

Ya, ahora sí, alejándome de mi pésimo monólogo, les quiero contar que si de por sí leer a Bebi Fernández en Instagram es una cosa incendiaria, leerla en un libro es esa misma cosa multiplicada por mil cosas mucho más incendiarias. Y digo cosa porque honestamente no se me ocurre un objeto existente en el universo que logre encerrar lo que quiero decir cuando hablo del fuego de las letras de esta mujer.

Así que retomando mi idea inicial, me he obligado a seleccionar nada más diez citas porque si les compartía todas las que me gustaron, bueno, quizás estaría escribiendo prácticamente todo el libro. También había pensado en escribir una opinión extensa como suelo hacer, pero me puse a pensar que a veces las opiniones están de más cuando se ha iniciado una revolución.

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Entonces, para ir al grano, a continuación les dejo mis citas favoritas (sin orden específico) de «Memorias de una salvaje».

1.

Era falso que nadie respondiera a los porqués de las mujeres. Sí eran respondidos. Los porqués de las mujeres podían ser contestados por otras mujeres. Pero nunca nos han dejado respondernos entre nosotras.

2.

No soy la musa de nadie —dijo ella—. Soy la que se escribe a sí misma.

3.

Y la coraza apareció, repentina, un buen día. Se despertó y la descubrió, sellada a la piel como un tatuaje. Y se fue haciendo más y más dura y fue añadiendo más y más capas conforme se daba de bruces con la vida una y otra vez. Hasta que tuvo tal coraza que dejó de saber cómo era la persona que había debajo.

4.

Cuando alguien sufre una pérdida, todo el mundo espera que se suma en un estado letárgico-melancólico-depresivo-apático-pseudo-pre-suicida. Si uno reacciona de otro modo —lo cual es absolutamente normal, porque en la forma de vivir el duelo no manda nadie (ni siquiera uno mismo), mucho menos los demás—, la sociedad se empeña en hacerle sentir peor de lo que parece.

5.

Ser mujer es mucho más que buscar a un hombre —le decía muchas veces a su madre—. El sistema es una mierda porque lo manejan hijos de mierda, que nos hunden en la mierda a nosotras, las mujeres. Porque ser mujer es una posición política, mamá. La posición del aguante.

6.

Los prejuicios solo sirven para vomitarlos.

7.

Acostumbrarse a las babas masculinas es hacer lo que las babas masculinas quieren.

8.

Llegaron a la conclusión de que el sistema funcionaba porque las asfixiaba. A las mujeres nos dejan sin aire hasta que solo podemos luchar por respirar. Entonces dejamos de luchar por nosotras mismas y pasamos de vivir a sobrevivir.

9.

Cuando alguien tiene algo que cuidar, también se cuida a sí mismo —le decía—. Si alguna vez dejas de cuidarte, oblígate a cuidar algo y volverás a hacerlo contigo. Tener algo por lo que luchar te hace fuerte. Te revive. Porque una puede estar viva, pero no viviendo.

10.

Iban todas juntas a morir, pensó ella. A morir de todas las formas posibles en las que se puede morir una mujer. En las que muere una mujer antes de lo que llaman morir de verdad. Las mujeres mueren muchas veces antes de morirse: muere su cuerpo, su alma y su vida. Y luego mueren ellas.

Y sí, he sobrevivido. Y por si acaso no lo han entendido, por favor, ¡LÉANSE ESTE LIBRO! Que gracias.

Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

Un comentario

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