¿CÓMO OLVIDARTE SI MIS SISTEMAS SOLO REACCIONAN POR TI?

Te conocí el día de navidad, mi día menos favorito del año. No había pedido deseos ni esperaba un milagro. Tampoco esperaba ser rescatada de mi desabrida manera de ver pasar las horas. Yo solo estaba allí, sentada en el andén de mi casa, haciendo lo que hacía cada año con mi familia.

Antes de las doce de la noche, recibí el mensaje de alguien que no conocía personalmente pero sí por chat. Insistió mucho en verme. Pero no me iba a mover de lugar, así que él propuso pasar unos minutos a saludarme. Accedí. No estaba nerviosa ya que no sentía nada especial por esa persona. Y tú llegaste en una motocicleta con él. Toda mi familia estaba afuera en el andén, ¿lo recuerdas?

Lea Carta a un amor del pasado

¿Recuerdas que hice como que no me fijé en ti pero en realidad sí lo estaba haciendo? ¿Recuerdas cómo las intenciones de tu amigo por conocerme y tener algo más conmigo fueron saboteadas por tu presencia? Fuiste una explosión que hizo colisionar mi parsimonia. Pensé que tenías más de veintiséis años, pero no, tenías mi edad. Tú y tu amigo ya estaban siendo objeto de las miradas recriminatorias de mi familia. Los infinitos tatuajes de tu amigo, tu estilo, la motocicleta, el misterio, sin duda cuando se marcharan sería el centro de muchas preguntas.


Quedé envuelta en tu espíritu lobezno.

Conversamos los tres, o al menos eso me pareció. Tu aura me atrapó y quedé envuelta en tu espíritu lobezno. No recuerdo bien qué conversamos. No me lo preguntes porque aunque tu voz sí me retumbaba muy dentro, yo ya estaba en otro sistema solar viviendo una vida contigo. Intercambiamos números de celular y aunque tenía la certeza de que en este sistema solar no había posibilidad de vivir nuestra propia historia de amor, me agradó nerviosamente la sensación de saber que te robarías mi corazón.



Solo estabas de vacaciones, regresarías a la ciudad pronto, así que no fue difícil intuir que lo que sea que viviéramos, duraría un respiro. Mi corazón estaba en guerra, intentando conciliar con el pasado, pero me aventuré a pelear por el presente. Por ti. Por mí. Por los dos.

Tuve miedo, lo sabes. Miedo de lanzarme al campo de batalla que eras. Y tenía razón de tenerlo. Llevabas en tu sonrisa una clara señal de peligro, pero me arriesgué al tiempo que fingía blindarme. Pero nunca me blindé. Sé que lo sabes.


Y fue fácil amarte.

Debías irte, y aunque nuestra historia no terminó con tu partida, sí que nos hizo vulnerables. Han transcurrido casi cuatro años desde entonces, y somos sinónimo de intermitencia. Somos, no somos, nos abandonamos, nos recuperamos, nos rompemos, nos sanamos, pero nunca hemos sido completamente felices.

Te conocí el día de navidad, mi día menos favorito del año. Y fue fácil amarte. Fue fácil dejarme atrapar entre tus suaves garras de lobo. Desde hace mucho tiempo vivimos una confusa historia de amor. Vivimos una historia que nos rompe cada vez más fuerte, pero hasta cuándo debe ser así. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Cómo alejarme si siempre has estado lejos? ¿Cómo olvidarte si todos mis sistemas, desde mi cabeza hasta mis pies, solo reaccionan por ti?




No estoy segura de la razón por la que escribo esto. Quizás es porque me haces falta en la cercanía de nuestros cuerpos, o porque sé que desaparecerás como siempre lo dices.

Dime qué quieres que haga, porque yo no lo entiendo. No estás, pero tampoco te vas.

Te conozco, y sé que quieres hacerte invisible, alejarte, pero temes que entonces también lo haga yo.

Hoy estoy triste, y aunque recordar el día que te conocí no me hace disminuir mi tristeza, sí me hace pensar que a lo mejor pronto vamos a hacer el amor día tras día, noche tras noche por el resto de nuestras vidas y no solo durante unas pocas horas antes de que tengas que volver a marcharte.

Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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