DEBÍ ADELANTARME AL DOLOR

Debí adelantarme al dolor, debí adivinar que la vida me pasaría por encima, y así, cuando todo comenzara, ya estaría preparada, abriendo los brazos y diciéndole a mi pena «haz lo que quieras, que no vas a ser para tanto». Pero sí fue para tanto, sí me partió en dos, sí me dolió hasta la medula.

¿Cómo se hace para adelantarse al dolor si uno no se imagina al dolor habitando en nuestro ser? ¿Cómo se hace para adelantarse al dolor si uno no quiere dolor, si uno no quiere vivirlo, si uno no puede imaginárselo?

Muchas veces me he preguntado realmente de qué estoy hecha porque me parece demasiado desafortunado sentir que nací del dolor para morir del dolor. Es como si mi destino estuviese sellado con lágrimas, como si no hubiese otra opción, como si una y otra vez debiera sentirme un total error.

¿CÓMO SE HACE?

Digo que debí adelantarme al dolor como si se pudiera, como si se tratara de algo que con solo un chasquido de dedos se lograra. Pobre de mí, ¿verdad? Destinada a sufrir, a pelear y a perder. Una y otra vez. Una y otra vez.

Ahora escribo estas palabras con la total certeza de que alguien, muy lejos de mí, se ríe feliz, extasiado, mientras que yo, triste y desmotivada, lloro, molesta, porque nada es bueno para mí, todo se resbala de mi piel y de mi vida. Todo lo bueno desaparece, todo es absurdamente lejano a mí, todo, todo.
Lee carta de amor.

Ojalá un día llegara a adelantarme a la vida, ojalá estar un paso más allá, un paso más inteligente, un paso lejos de cualquier intención malévola de destrozarme como usualmente lo hace. Y no hablo de muerte, sino de vivir abarrotada de felicidad sin opción de abrir la puerta a la tristeza, pero bien dicen que lo que es para uno, ni aunque te quites, y es esa mi pena.

Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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