HERIDA, PERO CON VIDA

¡Con vida!

Lo perdoné tantas veces que él creyó que tenía la vida resuelta conmigo. Pero ahora sé que nunca fue suficiente: lastimarme se convirtió en su vicio, en una espeluznante forma de comprobar “mi amor incondicional”. Había logrado manipular mi mente, y estaba convencida de que no existía nadie en el mundo que me pudiera dar lo que él me daba, ¿pero qué era lo que me daba? Me daba dolor a manos llenas, y yo, tan enceguecida como estaba, no lo aceptaba, no veía la realidad de mi situación.

Perdí un amor

No fui importante, solo fui necesaria: necesaria para hacer crecer su ego y su espíritu de machito dominante, para que al estar yo, en bandeja de plata a su merced, sintiera que todo el control era suyo. Es triste, y me enoja recordar que no pude darme cuenta a tiempo de que fui parte de un plan sucio. Yo, siendo la víctima, no solo terminé ridiculizada y humillada, sino también quedé ante los ojos de los demás como una loca que lo perseguía a él.

No solo quiso romperme el corazón, quiso acabar con mi vida, dejarme tan destruida, que no tuviera más opción que aceptar que solo con él iba a poder estar bien. Su intención fue hacerme perder todo lo que tenía, incluida mi estabilidad emocional. Dejarme sin defensas, sin una red de apoyo, para que fuera más fácil poseerme del modo ruin que le gustaba.

Todavía me pregunto qué me pasó, qué fue lo que vi en él, qué me llevó a caer en su trampa. Supongo que nunca lo sabré. Supongo que hay personas con la habilidad de hacer daño, de atrapar a sus presas con engaños para luego devorarlas despiadadamente. Yo fui su presa, y logré escapar, herida, pero con vida. Y quizás esa sea su frustración, saber que no pudo acabarme como quería.

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Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

Un comentario

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