OPINIÓN «LO QUE APRENDÍ VIVIENDO», Eleanor Roosevelt

SINOPSIS

«Nadie me hará sentir inferior sin mi consentimiento.»

Bastan estas palabras de Eleanor Roosevelt para darse cuenta de que detrás de su sonrisa afable había un espíritu fuerte y combativo, dispuesto siempre a aprender algo nuevo y a luchar por una causa justa.

Cuando escribió Lo que aprendí viviendo corrían los años sesenta; Eleanor ya se había retirado de la vida pública y vivía rodeada de hijos, nietos y amigos. Quedaban lejos sus años como primera dama de la Casa Blanca, pero aún le sobraba energía para contar sus experiencias. No le costó confesar que había sido una chica tímida, a menudo ignorante de los temas que se comentaban en las conferencias y banquetes a los que acudía con su marido, pero sus ganas de saber y el propósito de no quedarse atrás le ayudaron a seguir adelante.

Con el pasar del tiempo también descubrió que nadie se convierte en heroína de la noche a la mañana: hay que andar paso a paso y echar una pizca de humor a la vida para descubrir que un problema no es tal si lo tomamos como un reto, que nuestro tiempo es valioso y hay que disfrutarlo, y que podemos encontrar un espacio propio aunque estemos rodeadas de funcionarios, cenando con John Fitzgerald Kennedy o charlando con Frank Sinatra.

MI OPINIÓN

Honestamente cuando decidí por fin leer este libro, esperaba algo completamente diferente. Esperaba encontrarme con la vida de una mujer que fue asombrosa, detalle a detalle, quizás para inspirarme, para darme un abrazo que me inundara de fortaleza, pero no fue así. «Lo que aprendí viviendo» no es una autobiografía, ni algo que se le asemeje.

No me atrevo a aceptar que no me gustó, pero tampoco me gustó. Quedé en la mitad, con un sabor no exactamente amargo pero mucho menos dulce. Al comenzar a leer, automáticamente tuve un poco de desilusión al darme cuenta de que tenía un toque demasiado reflexivo yéndose hacia el lado de la autoayuda.

Pero incluso con toda la reticencia que me generan los libros de autoayuda, continúe leyéndolo porque había partes del libro que me gustaban y que me generaban empatía. Lo leí lento ya que la lectura no fluía a pesar de sus pocas páginas, así que me leí dos libros para darme un respiro. Ya imaginarán qué tan lento lo leí.

Lee mi opinión de «El día que sueñes con flores salvajes»

Admito que subrayé muchas citas y párrafos pero llegado un momento, ya me había hartado. Y sin exagerar o mentir, muchas páginas las pasé sin leerlas porque el tema “de la sabiduría de la vida” me estaba chocando. Sí, es cierto que estamos hablando de una mujer que muchos admiramos, pero querer o admirar a alguien no te hace querer o admirar su trabajo, o viceversa.

«Lo que aprendí viviendo» son las palabras de cómo ella ve la vida. Y eso es genial, pero como lo dije en un principio, le tengo retintín a estas lecturas. Por más que lo he intentado con otros autores, simplemente no me conecto.

Obviamente para muchos será un gran libro, y no me permito reprochar o contradecir esa opinión, pero para mí, «Lo que aprendí viviendo», aunque me enseñó temas muy interesantes, y me recordó otros, no pude sentir que realmente necesitaba leerlo.

Acerca de Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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